Cabildo y Juramento (siempre me pareció una esquina con tanta connotación de orden y bíblica que me da escalofríos y prefiero llamarla jurabildo) estaba convertida en una esquina de new york city a mi salida del subte linea D que tiene parada ahí mismo, ahora mismo la intersección entre las dos avenidas se encontraba tan iluminada como solitaria, al igual que yo. Pocos pasos después de mi conclusión, irrelevantemente pensé en mi nueva obsesión por los zapatos como si estos mi hicieran una mejor persona, o menos muerta, JA.
Llegando a la calle mendoza pude sentir la brisa del feriado por venir, comenzaban a brotar de entre las baldosas grupos de amigos en plan de fiesta con cantitos de "maría la paz, la paz, la paz, un paso pa tras", un paso para atrás eso me recordaba a los amigos que No tenia y los planes de fiesta que en mi ya No existían.
Seguí caminando intentando mantener la frente en alto, la ciudad por la noche es mucho mas pomposa que por el día, las decoraciones de los negocios, los edificios tan perfeccionados y las baldosas escasamente rotas eran mucho mas notorias con poca luz sola y con la mayoría de la humanidad escondiendo sus miserias bajo la almohada.
De un momento a otro me di cuenta que hacia cuadras lo único que podía observar era mi sobra, de la cual siempre estuve enamorada. Siempre flaca y esbelta, bien peinada y exquisitamente vestida, la imagen de todo lo que quería ser. Aunque su oscuridad era mucho mas abrumadora y evidente que la mía yo era consiente de que de todas formas ella preservaba mucha mas luz de la que yo había tenido e iba a tener por el resto de mi vida. Por un instante creí pertenecer a esa imagen perfecta e inmutable, hasta que ese conocido frió espectral me rozo la espalda una vez mas, cortando por completo mi respiración natural.
Entendí de pronto todo lo que estaba pasando, Olazabal dos mil quinientos ochenta se encontraba a menos de 80 metros de mi cuerpo. Ese departamento en el cual fui enterrada viva, en el cual aunque intentaba respirar por voluntad propia, haciendo el esfuerzo claro esta, debido a que mi instinto ya se había dado por vencido a mi muerte irrefutable y decidido dejar de intentar mantenerme con vida. Ese departamento que fue tirando toneladas de tierra sobre la misma tumba, es mismo que creía haber dejado atrás hace doce meses, hoy me catapultaba otra vez.
Si, tuve el semblante orgulloso de haber sido rescatada, reanimada a través de una terapia intensiva de sentimientos vivos, Si conté con la respiracion de auxilio, el masaje en el pecho para volver a hacer latir a mi corazón como el galope de un caballo. Había construido una nueva yo, fuera de esa tumba, una nueva yo cargada de besos, de llanto, de pelea, de risas, de gritos, pero mas que nada de planes con posible inmediatez, y otros tanto a futuro.
Pero hoy, hoy estaba volviendo a esa tumba que me iba a seguir echando tierra encima hasta ahogarme, incinerarme o matarme de inanición. Estaba siendo de vuelta a la sentencia de muerte luego de haber sido protagonista de un cuento de hadas. Hubiese sido mejor no conocer un mundo tan perfecto y tener que volver a esta putrefacción.
Sin alzar la vista camine los pocos metros que restaban entre la imponente puerta de vidrio y yo, arrastre los pies paso a paso como lo había hecho por cuatro años ininterrumpidos, sin el mayor miedo o remordimiento si en ese mismo momento me atropellaban, me violaban, torturaban y me cortaban en pedacitos todo al mismo tiempo.
Al igual que mis cuatro años anteriores, camine esas mismas cuatro cuadras sin mayor cuidado aun siendo consiente del peligro que acechaba a la vuelta de la esquina, cualquier cosa en el mundo hubiese sido mejor, que regresar a mi tumba, donde por seguro iba a morir ahogada, y donde la inanición ya comenzaba a carcomerme no solo la carne, los sesos y la conciencia también.


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