Mi cuento:
Eran las seis de la tarde, exacto el momento en donde las cosas en mi ciudad se empezaban a poner difíciles, miré el reloj y me di cuenta de que las agujas se estaban poniendo en la posición indeseada. No estaba en mi casa, entre en pánico, pero leyendo en la plaza el tiempo se pasaba más rápido de lo esperado.
Era increíble como a las seis las cosas parecían sucederse tan extraordinariamente, todos sabíamos que teníamos que guardarnos en casa pero sinceramente nadie tenia certezas de las razones, llegue a escuchar que a esa hora salía un hombre con un bolso en la cabeza y que te pegaba con un palo así que imaginen la clase de elucubraciones que se realizaban al respecto.
Cuando me di cuenta de la hora comencé a correr, tome mi bicicleta bastante destrozada y empecé a pedalear con todas mis fuerzas, me estaba escapando, me iba lejos, debajo de mi cama, y lo peor es que no tenia idea del por que! Lo que si sabia era que sin que mi volada imaginación tomara cartas en este asunto todo se estaba volviendo muy gris y las hojas verdes caían de los árboles y casi como por arte de magia se secaban en el camino a tocar el suelo, el viento te nublaba la mirada y hacia dificultoso mi regreso a casa, tenia miedo en serio. Estaba aterrado.
Seguí pedaleando veinte cuadras y el camino se hacia mas estrecho, el viento en mis ojos me hacia llorar y sinceramente no veía absolutamente nada, doblé en la esquina de siempre pero el camino ya era demasiado angosto y mis piernas estaban entumecidas de mantenerlas en movimiento a una velocidad que no tenia limites. Mi bicicleta cayó sobre el piso y mis rodillas sobre el empedrado comenzaron a sangrar inevitablemente, no me podía poner de píe había demasiada tierra en el viento, en mis ojos.
No sabia que hacer, mis manos empezaron a sudar frío y necesitaba con urgencia sentirme seguro, escapar de ese lugar al cual tanto temía sin conocerlo, sin saber realmente por que, por que le temía a esa hora y esas circunstancias, quizás a lo que más le temía era a la incertidumbre, ¿no?
Quería volverme muy chiquito, quería pasar desapercibido, desaparecer. De repente comencé a escuchar ese eco, ya estaba tan perdido que no entendía si provenía de mi cabeza o de voces desconocidas, escuchaba sin cesar mi nombre “Luca, Luca, Luca”.
Seguía escuchando mi nombre rebotar en cada parte de mi hueco cráneo, pero casi de manera inevitable se entremezclaba con el ruido de la caída de las hojas y de las ráfagas de viento, quería entender de donde provenía toda esa tormenta en mi pecho.
No tuve mas remedio que hurgar el suelo, tantearlo, explorarlo, era lo único que tenia cerca. De repente, un caño, ¿un caño?, un tubo, no tenia idea pero quise mirar, abrí los ojos de alguna manera extraña y vi demasiados colores, había encontrado un caleidoscopio que me invitaba a mirar a través de el y sumergirme en el mar de colores y formas que le ofrecía a mis ojos, me ofrecía dejar el miedo atrás.
En ese momento me perdí de verdad, como nunca antes lo había estado, el tiempo se detuvo y yo no podía dejar de girar el caleidoscopio y regocijarme en sus formas y colores, me había vuelto un esquizofrénico sin remedio perdido en mis propios segundos de paz.
Tres segundos después escuche las agujas de un reloj, ese maldito sonido que no me dejaba dormir por las noches, tras sentir un escalofrió mi cuerpo se tumbó en el piso y ya no habían ni hojas ni tardes grisáceas y mucho menos un viento apabullante.
Definitivamente ese no era el callejón que me conducía a casa, había muchos árboles y flores, olor a frutas por todos lados y una respiración en mi nuca que me inspiraba una tranquilidad absoluta. No sabía donde estaba pero la paz y la seguridad se había adueñado de mi cuerpo de una manera inexplicable, empezar a caminar y recorrer el lugar fue ineludible.
Las casas eran de cartón y las ventanas no tenían vidrios sino papeles de colores transparentes, las hamacas de las plazas eran de plástico grueso y a cada una de las flores podías encontrarle una aroma y una intensidad completamente diferente. No sabia que pensar y mucho menos que estaba haciendo, pero esa respiración en mi nuca me incitaba a adentrarme en un lugar del cual no tenía conocimiento y que realmente, dudaba que existiera.
Caminé por cuadras vacías una y otra vez, no tenía rumbo fijo pero sentía que tenía que llegar a algún lugar. De repente lo que parecía un jardín se convirtió en una plaza y la plaza en un bosque, había agua por todos lados y sonidos angelicales. Parecía un sueño poseído por las hadas, pero yo no podía ver nada mas que mi reflejo en las lagunas del lugar.
Estaba empezando a asustarme, sentía que era el único en el lugar, de nuevo ese sentimiento, miedo por no saber que más había, la incertidumbre y yo. Ya no sentía esa respiración en mi nuca y me asustaba lo que había sido de ella. Ya no tenia ni siquiera una compañía imaginaria, otro miedo, la soledad.
Estaba realmente cansado, mi cuerpo y mi mente no podían seguir dejándose llevar por los límites inimaginables de mis miedos. Me senté en el pasto y cerré los ojos, quizás así volvía a mi barrio, para ese momento le tenia menos miedo a las seis de la tarde y la calle. De repente la respiración se empezó a hacer mas cercana y se escuchaba ya casi como un jadeo. Me tape los oídos no quería saber mas nada, quería volverme todavía mas chiquito y todavía mas no-percibible.
Ese jadeo se convirtió en silbido y el silbido en una voz aniñada y calida. Me costaba entenderla pero segundos después mi mente aclaraba todo, me dijo: “No tengas miedo luca, ahora estas a salvo, se que no sabes donde estas y yo tampoco, tampoco se como volver a casa, pero te aseguro que este lugar estés acá o abajo de tu cama te va a acompañar siempre. Muchos empiezan a temblar cuando les digo esto, así que te pido me evites el calvario, muchos enloquecieron pero por suerte no olvidaron. Tenés la oportunidad de irte y volver si descubrís la manera, la llave ya la tenés, los colores y mi voz te guiaron hasta tu propio refugio donde no importa como sos, tenés tu propio lugar y perteneces”.
Las palabras “tenés tu propio lugar y perteneces” se acomodaron casi perfectamente en mi cabeza, tan perfecto como sonaban esas palabras, nunca había tenia un lugar y mucho menos pertenecido a algo. Era mi oportunidad, mi punto de escape, tenia algo soñado y no lo iba a desperdiciar, después de zambullirme entero en la única laguna que me reflejaba, abrí los ojos casi aficciado y estaba bajo mi cama.
Creí que todo había sido un sueño, así que seguí mi vida rutinariamente y no le di demasiada importancia al hecho. Salvo en los momentos en los que mis compañeros eran abusivos y tiraban mi comida del medio día por el río, o me robaban la plata para sacar fotocopias, en esos momentos quería correr y que alguna llave mágica me lleve a donde “tengo un lugar y pertenezco”.
Los días pasaron y el vació en mi alma cada día se asemejaba mas a esas lagunas que ya no podían ni generar reflejos, deje de comer, de salir de casa, de leer libros y hasta me resigne a dejar de escribir, el nutrirme solo con agua me estaba entumeciendo todas las extremidades de mi cuerpo, en especial las manos.
El dejar de hacer todo tipo de actividad social me aisló completamente de las pocas amistades que tenia, deje de cenar con mi familia, pasaba horas mirando el reloj, esperando que sean las 6 de la tarde y ver las hojas caer.
Deje hasta de pensar y cuando quise abrir los ojos habían pasado tres meses de mi aislamiento masivo y mis notas habían llegado a un limite de perfección inimaginable y mucho mas inexplicable. Mi obsesión por mis calificaciones me estaba enfermando y yo no encontraba los apuntes de matemática y solo faltaba una semana para el examen final.
Revolví mi casa hasta por recovecos que ni siquiera recordaba su existencia, buscando encontré, pero no fueron exactamente los apuntes de matemática, sino el caleidoscopio que me había secuestrado esa tarde y me había aislado de todo lo exterior a sus colores. Pero de nuevo no pude evitar sumergirme, era un imán de emociones estancadas a mi pecho, entendí que no había sido un sueño.
Luego de buscar durante largos minutos entre el espejismo de mi mente y las formas estrafalarias que generaba ese pequeño, volví a encontrarme con mi reflejo en esa laguna, con la respiración en mi cuello, con el jadeo, con la voz aniñada. No sabia si tenia forma humana, solo sabia que me dejaba ser quien quiera ser, no sabia a quien ni para donde hablar, pero le dije que esta vez venia para quedarme y entre risas y murmullos miles de hadas y mariposas jugaron en mi pelo y me enseñaron a vivir sin limites ni restricciones, sin estereotipos ni prejuicios.
Perdí el tiempo de lo sucedido y no se si alguien me extraña, pero cuando uno es quien quiere ser y esta con quienes quiere estar, deja de importar el tiempo, el sueño, los recuerdos. Importas vos, y tu felicidad. Nunca regresé a mi ciudad y espero que ellos no escuchen el eco que yo escuche y que las seis de la tarde no los atrape, demasiadas personas no están listas para echarse a volar y dejarse ser quienes son realmente, sin escudos ni caretas. Supe ser autentico, supe quedarme acá.